Por Jorge Meléndez
Dice la canción: “los caminos de la vida, no son lo que yo esperaba, no son lo que yo creía, no son lo que imaginaba; son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos y no encuentro la salida”.
Al prestar atención a esta conocida canción, nos encontraremos con ciertas complicaciones muy comunes en la vida; nos enfrentamos a la escasez, al cansancio y a la muerte. Estas verdades van siendo más palpables mientras los años llegan y la vida avanza. Algo que textualmente no dice la canción, pero que podemos intuir, es la incapacidad de cambiar dichos caminos y la llegada repentina del sufrimiento. El compositor sabe que la muerte llegará y no se puede evitar. “El destino es así”, dice.
Siguiendo con la serie “¿Qué sucederá?” veremos cómo Salomón, el autor del pasaje de hoy, nos enseña que los tiempos de dificultades vendrán repentinamente pero siempre son gobernados por el Señor.
La semana pasada dije que “el tiempo y suerte llegan a todos”. Cuando vienen los buenos tiempos es fácil responder con agradecimiento y fe, voltear al cielo y agradecer; pero ¿qué sucede cuando las cosas no van tan bien? ¿O cuando los caminos de la vida no son como lo pensábamos? De los buenos tiempos debemos aprender a reconocer que no solo ellos están gobernados por Dios, sino que las aparentes desgracias que vienen repentinamente también.
Mira las palabras de Salomón en el capítulo nueve verso doce: ”Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos”.
El verso comienza afirmando que “el hombre tampoco conoce su tiempo”; es decir, no tiene el conocimiento ni certeza de lo que sucederá. Así como no conoce el día de su muerte. Por ejemplo, según estadísticas lo más probable es que la muerte nos llegue repentinamente. Son más los que mueren inesperadamente que aquellos que están conscientes de su cercanía y se preparan para ella.
Salomón ha enfatizado en el capítulo tres que todo lo que se quiere debajo del cielo tiene una hora, todo tiene una fecha establecida. “Hay tiempo para nacer y tiempo para morir”. Así como no elegimos nuestro día de nacimiento ni el día de nuestra muerte, pero “todo lo hizo Dios hermoso en su tiempo”, todo lo que sucede entre estos dos acontecimientos es igualmente bueno y establecido por Él. El día de nuestro nacimiento fue el mejor para nacer y el día de nuestra muerte será también el mejor para morir. Aunque “el hombre no conoce su tiempo”, Dios sí.
En Hechos diecisiete vemos que Dios delimitó nuestros tiempos o épocas, sean buenas o malas. El argumento que Pablo usa ante los atenienses es una teología básica: Dios es el creador y gobernador sobre todas sus criaturas en todo aspecto.
Si nosotros separamos al Creador de su creación negando su control en cada aspecto de nuestra vida, de la creación y el universo, entonces corremos un enorme riesgo y todo será fruto de la casualidad y del sinsentido. No obstante, el creyente que cree que su Dios gobierna experimenta esperanza, fe, paz y seguridad porque reconoce que no hay sucesos fortuitos, sino sucesos con profundo propósito gobernados por un Dios que profundamente lo ama.
Otra verdad del pasaje es que el sufrimiento llegará frecuentemente de manera repentina. “[…] como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos”.
Muchos quisieran no sufrir, ahorran y cuidan su salud —esto no está mal—, pero si lo haces con el fin de esquivarlo, seguramente la gran mayoría del tiempo resultará imposible. Ser precavidos ayudará, pero no lo evitará.
Jesús dijo que “ningún ave cae a tierra sin el permiso del Padre” (Mt. 10:29); y agregó: “no teman, pues ustedes valen mucho más que ellos” (Mt. 10:31). Dios tiene un gobierno perfecto y ninguna desgracia, aunque repentina para nosotros, viene sin el previo conocimiento y permiso divino.
¿Por qué Salomón es insistente en esto? Porque está interesado en que pongamos la vista en lo vano que resulta apartar a Dios de nuestra concepción de vida. Busca que nos aferremos a la esperanza en el poderoso Creador y también sustentador. El incrédulo en Dios teme a todo pues ¿qué seguridad tiene? Sin embargo, el creyente como resultado de su fe experimentará seguridad.
¿Recuerdas el inicio del año 2020? Muchos pensaban que sería un buen año. Presagiaban éxitos y triunfos ¡pero adivina! Nadie esperaba la pandemia ni la crisis que eso ocasionaría. De repente, como a los peces les cae la mala red y a las aves el lazo, cayó sobre muchos el mal tiempo, la crisis, la enfermedad y la muerte. Pero ¿qué crees? ¡Dios sí lo sabía! Él tiene el control y lo seguirá teniendo.
En conclusión, saber que Dios gobierna y que es suficientemente poderoso y amoroso, debe traernos paz, gozo y contentamiento por saber que Él eligió en nuestros días los buenos y “malos” momentos. Digo “malos” porque aunque así los percibamos, Dios los permite motivado por su amor y gracia y será benéfico de alguna manera para nosotros. Así que aunque los caminos de la vida no son como esperábamos o creíamos, y aunque son difíciles de andar, Él promete guardarnos y caminar junto a nosotros. Esto lo prueba al acercarse en Cristo, perdonar nuestros pecados que nos alejaban de Él muriendo y cargando el castigo que nos correspondía en la cruz y prometiendo estar siempre con nosotros hasta llevarnos a su gloria.
¿Caminas consciente de que Dios gobierna tu camino y te acompaña?
Oración: “Señor, gracias porque nada incierto ni producto de la casualidad ha sucedido en mi vida. Tú has gobernado cada momento, y por ello, en los buenos momentos debo agradecerte; y en los malos, saber que con amor los has planeado para mí. Ayúdame a encontrar el contentamiento y vivir con gratitud, aunque no entienda el porqué de lo que sucede, pero siempre sabiendo que tú me amas porque así lo mostraste en la cruz”. En el nombre de Jesús, amén.



